Belén Gache

[ volver a portada ]  


 Cándido López y la batalla de Curupaytí: relaciones entre narratividad, iconicidad y verdad histórica.

 

II Simposio Internacional de Narratología,
Buenos Aires, junio de 2001.

 

Introducción

El pintor argentino Cándido López (1840-1902), enrolado como teniente (1) durante la Guerra del Paraguay, realizó durante la contienda numerosos apuntes gráficos de paisajes, escenas de batallas, desembarcos de tropas y la vida en los campamentos de los soldados. Este material le sirvió, treinta años más tarde, para producir su obra pictórica, dejando así un testimonio detallado de los acontecimientos más sobresalientes de este enfrentamiento bélico. (2)

La imagen, para Cándido López, poseía un especial valor documental. Su obra debe ser entendida a partir de la voluntad de dejar testimonio de la "verdad histórica".

 

Cándido López, cronista de guerra: relaciones entre imagen, historia y verdad

Las pinturas de López tienen como base una pretensión de verdad que apunta a una realidad episódica acontecida. En su libro El contenido de la forma, Hayden White, se detiene en la manera en que la ideología burguesa del sXIX -esencialmente realista- concebía a la representación como una descripción directa de los acontecimientos. White señala cómo, siguiendo la misma lógica, esta ideología concebía un proyecto de historia cuyo objetivo principal era la objetividad empírica basada siempre en un criterio de "verdad". (3)

De la misma manera, los cuadros de Cándido López tienen el valor de constituirse como documentos nacidos de unA observación directa de los hechos. El artista fue testigo presencial y actante a la vez que cronista. La pretensión de referencialidad y veracidad se observa en el particular tratamiento de sus imágenes, en las que da cuenta de cada detalle: momento del día, condiciones climáticas, características del terreno, etc.(4)

Según Hayden White (5), la historia ya no puede ser entendida como el testimonio de lo vivido sino que se trata más bien de lo vivido en tanto estructurado a partir de un determinado esquema narrativo. Los "hechos en bruto" de la historia son siempre leídos a la luz de una estructura narrativa. Dicha estructura tiene por objeto una visión ordenada de los hechos establecida sobre cadenas de relaciones causales sobre significaciones y valores. La trama narrativa actúa así como dimensión configurante que transforma la sucesión de acontecimientos en una totalidad significante.

En otros estudios, White sostiene así mismo que las imágenes muchas veces son más adecuadas que los textos escritos para dar cuenta de determinados fenómenos históricos (como ciertos paisajes, atmósferas o eventos colectivos como movimientos de masas,etc). (6)

Pero White hará hincapié en que, ya se trate de discursos verbales o no verbales, ninguno de ellos reflejará en forma transparente los hechos. En este sentido, el carácter de las imágenes será tan ficcional como el de los textos verbales y se basará, en todo caso, en esquemas tipológicos verosímiles, esquemas de secuencias causa-efecto aplicables bajo determinadas condiciones de tiempo, lugar y circunstancia.

 

La Batalla de Curupaytí según Cándido López

De 1893 a 1901, López se dedicó a realizar una serie de cuadros cuyo tema específico fue la batalla de Curupaytí. Detengámonos aquí en las particularidades que adopta esta crónica gráfica enfocando nuestro estudio en parámetros: el tiempo, el espacio, la iconografía, el  modelo narrativo.

 

El tratamiento del tiempo

Muchos investigadores (Hayden White y Paul Ricoeur entre otros) se han referido al carácter temporal de la experiencia humana y al hecho de que la temporalidad se constituya como carácter determinante del relato. La narración es concebida como una manera de entender el mundo en tanto determina, articula y clarifica la experiencia temporal, dotando de inteligibilidad a los acontecimientos singulares que adquieren así categoría de historia. En este sentido, el discurso histórico constituye una muestra privilegiada de la capacidad humana de dotar de significado a la experiencia del tiempo.

Los cuadros realizados por Cándido López en referencia a la batalla de Curupaytí están concebidos como una serie o ciclo narrativo que representa diferentes escenas, diferentes "spots of time" elegidos por el artista en tanto momentos "esenciales" extraídos imaginariamente del flujo temporal. Se trata de escenas que se suceden según una lógica secuencial a partir de coordenadas de causa-efecto. Estas coordenadas causales forman el esqueleto lógico de la narrativa.

Detengámonos en los títulos de los cinco cuadros aquí estudiados: Ataque de la escuadra brasileña a las baterías de Curupaytí/ Trinchera de Curupaytí/ -Asalto de la 3ra columna argentina a Curupaytí/ Asalto de la 4ta columna argentina a Curupaytí/ Después de la batalla de Curupaytí.

Los cuadros representan cinco momentos privilegiados de la batalla en el orden que estos se sucedieron en la realidad, según el testimonio del propio López y  de los textos de los cronistas de la época. (7)

Con respecto a la dimensión temporal de esta serie, haremos aquí dos comentarios más. En primer lugar, como señala Alain Bergala (8), más allá de que las imágenes se presenten en una imagen única o en una serie, cada imagen ya de por sí cuenta una pequeña historia embrionaria. La imagen fija remite siempre a un antes y un después que el espectador tiende a reponer. En segundo lugar, las imágenes percibidas como imágenes únicas suelen representar varios episodios de una misma historia. Este último punto es aprovechado muy especialmente en los cuadros de Cándido López, quien saca provecho del formato apaisado de sus composiciones para dejar registro de acciones múltiples y simultáneas. (9)

 

Tratamiento del espacio

Cándido López había estudiado artes con el retratista y fotógrafo Carlos Descalzo y con el pintor Baldasarre Verazzi (10) Su formación como artista y fotógrafo determinó, tanto sus particulares encuadres como la dimensión descriptiva que adquieren sus composiciones.

El General José Eduvigis Díaz, lugarteniente del Mariscal López, dejará testimonio respecto del escenario en donde tendría lugar la contienda. Díaz menciona en su crónica las características del terreno, cuyo suelo estaba prácticamente conformado por lodo y tierra colorada (11) y el hecho de que "la trinchera paraguaya comenzaba en la barranca e iba hasta el norte de la laguna Méndez, recorriendo una extensión de dos mil metros". Díaz da detalles, así mismo, de la construcción de la misma: "con picos y palas se había cavado un largo foso destinado a defender el muro artillado. Con la arena sacada del foso, se construyó el ancho muro detrás del cual se levantaron las plataformas de los cañones. Esas plataformas tenían una base de madera dura. Finalmente, se hicieron varios polvorines subterráneos, a prudente distancia a retaguardia, cubriéndolos con unos casquetes esféricos de arena que les servían de protección."(12)

Si observamos los cuadros de Cándido López, veremos que se corresponden en detalle con las descripciones de Díaz en la geografía, las características del terreno, las características de la trinchera.

Es igualmente interesante observar el tratamiento que realiza López en cuanto a los puntos de vista adoptados: si bien las escenas en cada uno de los cinco cuadros están situadas en un mismo lugar (Curupaytí), cada imagen aparece presentada desde un punto de vista que privilegia la acción registrada. Así, el ataque de la escuadra se muestra desde una perspectiva que permite ver el río de orilla a orilla (recordemos el testimonios del general Díaz, "el  río es allí estrecho, estando la costa opuesta a tiro de fusil"), permitiendo una visión panorámica de los acorazados, cañoneras y buques imperiales que participan del ataque. La trinchera paraguaya se mostrará, a su vez, directamente desde el interior del campamento enemigo cuya vista se extiende sobre el campo de batalla (al igual que en el relato de Díaz, se pueden ver aquí los picos y las palas utilizadas para cavar el foso y los casquetes esféricos de arena que protegen los polvorines subterráneos). Los asaltos de la 3ra y 4ta columnas están vistos desde el mismo campo de batalla, consignándose allí en detalle "el terreno pantanoso salpicado de carrizales, lagunitas y chircales" tal como lo describía Díaz. Aparecerán aquí también las "fajinas y escalas" mencionadas tanto por Juan Beverina en sus textos. En cuanto al último cuadro de la serie, Después de la batalla, se retoman aquí las palabras de este último: "los paraguayos sólo salieron para recoger el botín abandonado por el asaltante, desnudar a los muertos y ultimar a los heridos". (13)

La batalla aparece así tratada desde diferentes puntos de vista en los que, ahora desde una aproximación semántica, podemos rastrear la división del espacio en dos grandes campos: campo aliado-campo enemigo.

Con respecto a la focalización, esta será siempre externa. Son aquí los hechos del mundo exterior  los que deben consignarse. La actividad del observador será siempre exteroceptiva.

 

Iconografía

Cándido López realizó durante la guerra decenas de apuntes a lápiz en sus libretas: croquis de uniformes, paisajes, campamentos de los soldados. (14) Así, cada aspecto iconográfico (uniformes (15), porta estandartes, banderas (16) , cajas de guerra,  armas (17), utensilios como escalas, picos, palas, instrumentos musicales, etc.) está registrado con cuidadoso detalle y precisión en aras de la objetividad histórica.(18)

 

Modelos narrativos

La división del espacio en dos campos diferenciados aliados-enemigos se corresponde con el modelo narrativo de batalla.

En este modelo, el objeto es, obviamente, Curupaytí. Dado que Cándido López es argentino, los argentinos serán los sujetos, los paraguayos se constituirán como anti-sujetos (que impiden a los aliados tomar el objeto) y los brasileños como ayudantes. En este esquema, funcionan como oponentes el mal clima y las particulares características del terreno. Partiendo de un estado de carencia del objeto, el modelo apunta a un estado de posesión que no podrá ser alcanzado.

Se parte aquí de un esquema semiótico básico ataque-defensa, aliados-enemigos, derrota-victoria. Los campos aliados-enemigos se plasman visualmente de diferentes maneras mediante el diferenciado uso de banderas, insignias, de los uniformes azules y rojos. Aliados-enemigos se diferenciarán también por las diferentes acciones que ejecutan unos y otros: los aliados luchan contra los paraguayos, intentan vencer las dificultades que les presenta el terreno, asisten a sus compañeros heridos, son heridos, mueren; los enemigos luchan al cubierto desde su trinchera y salen de la misma únicamente para rematar a sus víctimas y despojarlas.

 

Historia y autobiografía

Costa y Mozejko señalan que aquel que hace historia, al hacer la historia del hecho que registra siempre se hace a la vez historia a sí mismo y de esta forma busca legitimarse. La narrativa visual propuesta por López pretende ser fiel a la "verdad histórica": se trata de la historia argentina y en particular de la historia del ejército argentino de la cual López deja registro, pero se trata también de la historia del propio Cándido López, quien también participó de esta batalla. De hecho, durante la batalla de Curupaytí, López fue herido en el brazo y este debió amputársele. (19)

En el modelo narrativo adoptado, predominaba la pérdida: pérdida de la batalla, pérdida del objeto Curupaytí. A estas pérdidas, López añadirá otra más: la de su brazo derecho.

"La inscripción histórica forma casi un "tipo ideal" que se sitúa en uno de los extremos de un espectro de obras que tendría en su otro extremo el "tipo ideal" de la autobiografía, en donde por ejemplo un escritor como San Agustín se explaya casi exclusivamente sobre la reflexión interna de su propia vida en la que los hechos externos sólo han tenido un significado interno", dirá Karl Weintraub. (20)

En el modelo de historia al que adscribe López, en el que rige la presunta objetividad de los hechos, él , en tanto cronista de guerra, está allí para dar testimonio objetivo. Su mirada, está dirigida al ámbito la realidad externa, realidad que experimenta en forma directa y que aspira a ver en su totalidad, como el ojo de Dios que puede abarcarlo todo. De allí que López multiplique sus puntos de vista y sea capaz de acceder tanto al campamento enemigo como a dominar la panorámica vista del ataque de la armada.

Sin embargo, notamos un hecho curioso. El enfoque objetivo no le impide a López, autorrepresentarse. Entre el conjunto de soldados nos encontramos con un autorretrato del propio artista (un pequeño cuerpo uniformado más). Este autorretrato representa el momento en una granada le está destruyendo el brazo. (21)

Suele atribuirse la "objetividad" de López a la distancia temporal que medió entre sus apuntes del frente y la realización de los cuadros, como si esto le hubiese permitido una visión desapasionada de los hechos. Nuestra hipótesis es que, por el contrario, sus experiencias personales son aquí elididas a fin de cumplir el modelo histórico adoptado.

Elidiendo todo posible comentario personal acerca de los hechos vividos, Cándido López se desdobla en objeto y sujeto de la narración, en actor y testigo, en observado y observador. Esta condición especular tendrá su gran metáfora en la mano (derecha, izquierda) utilizada en cada una de las instancias.

 

NOTAS

(1) López se había enrolado como Teniente 2ndo en el batallón de voluntarios de San Nicolás.

(2) Se analizarán aquí los cinco cuadros de la Batalla de Curupaytí que se conservan en el Museo Nacional de Bellas Artes.

(3) Se tendrán en cuenta aquí, de manera particular, los textos de dos historiadores de la Guerra de la Triple Alianza: Juan Beverina (argentino) y Juan O'Leary (paraguayo). En el libro de Beverina (quien a sus dotes de historiador une sus conocimientos de técnico militar) se hace alusión al "exacto conocimiento que el historiador honesto, sin prejuicios ni apasionamientos, proporcione sobre los hechos que estudia". Por su parte, en el prólogo del libro de Juan O'Leary se sostiene que "sólo los hechos se encargan de decirnos la verdad". Al respecto, es interesante observar que las fuentes de O'Leary son muchas veces relatos orales de los propios veteranos de guerra. De particular interés en el caso que nos ocupa, es el relato del asalto a Curupaytí escuchado por este autor de los labios del capitán Manuel Solalinde. Notemos cómo este modelo de historia privilegia la cualidad testimonial de las fuentes, más valiosas en tanto relatadas por testigos directos de los hechos. (en Juan Beverina, La Guerra del Paraguay, Biblioteca del suboficial, Buenos Aires, 1943, prólogo y Juan O'Leary, Historia de la Guerra de la Triple Alianza, Asunción, Carlos Schauman Editor, 1992 (versión original de 1911), prólogo)

Los textos de estos historiadores, basados tanto en testimonios de veteranos como en partes militares de la contienda, dan cuenta de que el plan de ataque a Curupaytí se iba a efectuar en cuatro columnas[1]: las dos de la izquierda se compondrían de las fuerzas del II Cuerpo de Ejército brasileño a las ordenes de Porto Alegre y las de la derecha serían integradas por el I y II Cuerpo del Ejército Argentino.

El ataque al frente terrestre de Curupaytí se iniciaría con un bombardeo de la escuadra  de modo de inutilizar sus defensas y ahuyentar las fuerzas de las trincheras. Los aliados calculaban que esto se conseguiría en dos horas de fuego. Después seguiría el ataque de las fuerzas de tierra.

El ataque estaba previsto para la madrugada del día 17 de septiembre de 1866, pero se suspendió por el mal tiempo reinante. Se realizó recién el día 22. A las 7 de la mañana del día 22, la escuadra brasileña se movió para tomar la colocación dispuesta por el almirante Tamandaré a fin de iniciar el bombardeo. El fuego de la escuadra se prolongó hasta el mediodía sin resultados apreciables. Las cubiertas del terreno impedían a los artilleros efectuar correctamente sus tiros. El duelo de artillería duró cuatro horas. Los paraguayos contestaban al fuego de la escuadra logrando mantener a los buques alejados de las fortificaciones.

Más o menos al medio día, el Almirante Tamandaré suspendió el fuego contra la fortificación del frente terrestre y se concentró sobre el frente fluvial. Comenzó entonces el ataque terrestre cuya dirección estaba a cargo del general Mitre y cuya defensa correspondía al general Díaz.

Las dos columnas centrales, encargadas del ataque principal sufrieron desde el primer momento un fuego intensísimo de la artillería paraguaya mientras su marcha se veía entorpecida por el terreno fangoso y las malezas. Lograron salvar los obstáculos mediante el uso de fajinas y escalas que llevaban para tal fin y se lanzaron al asalto de la trinchera principal, pero se encontraron con una laguna y una inabordable barrera de maizales que les hizo imposible continuar su avanzada. En esta marcha, sufrieron pérdidas enormes.

La 3er columna, al mando del coronel Rivas siguió avanzando a pesar de los obstáculos, pero su ataque fracasó y los pocos hombres que lograron penetrar en la posición fueron ultimados. La cuarta columna, al mando del coronel Martínez, también fue detenida el borde de la laguna y la línea de maizales.

El combate se sostenía tenazmente sin que los asaltantes lograran el menos éxito sobre las tropas paraguayas. Se acordó entonces hacer replegar simultáneamente todas las tropas comprometidas en el ataque. La retirada se efectuó en orden y a las 17 horas el ejército aliado estaba de regreso en Curuzú. Una vez que se retiró el ejército, la armada hizo lo propio.

Los paraguayos salieron entonces de sus trincheras para recoger el botín abandonado por el asaltante, desnudar a los muertos y ultimar a los heridos graves.

El desastre táctico de Curupaytí (en donde los argentinos perdieron cerca de 3000 hombres entre muertos, heridos y dispersos (un 40 % del efectivo empleado); los brasileños perdieron 1950 hombres (un 20%) y los paraguayos únicamente 92 hombres),  reconoce como causa esencial el desconocimiento de la situación del enemigo en su posición y de las características principales del terreno, cuyas ya de por sí magníficas condiciones naturales, fueron aumentadas aún más por las lluvias y las excelentes obras defensivas que realizaron los paraguayos.

(4) Desde su primer muestra, realizada en 1885, Cándido López se presentó como un documentalista histórico. Al respecto, es interesante rescatar las siguientes palabras de Bartolomé Mitre: "Sus cuadros son verdaderos documentos históricos por su fidelidad gráfica y contribuirán a conservar el glorioso recuerdo de los hechos que representan."(en Cándido López, Buenos Aires, Ediciones Banco Velox, s/f, prólogo.)

El mismo pintor registra también un encuentro con Mitre, en el que él le muestra los bocetos que había realizado durante la contienda: "Conserve usted esto; algún día servirá para la historia", le dijo el General, hecho que "lo motivó a trabajar con más ahínco que nunca"(en el Catálogo descriptivo de la colección de cuadros históricos representando batallas, campamentos y episodios de la Guerra del Paraguay por el pintor Cándido López exibidos en el año 1885 bajo la protección del Centro Industrial Argentino y Club de Gimnasia y Esgrima ofrecida al Honorable Congreso Argentino, Buenos Aires, 1887 (citado en "Portraites", AP Americana de Publicaciones, Buenos Aires, 1993)

(5) Hayden White, "Historiography and historiophoty", American Historial Review, 93, n5, diciembre de 1988.

(6) En el discurso del cine documental, por ejemplo, las secuencias de tomas y uso de montajes utilizados pueden ser usados, según White, tan efectivamente como frases verbales.

(7) Vemos incluso la manera en que el adverbio "después", en el título "Después de la batalla", remite a una trama narrativa: siendo la última de las imágenes, el cuadro sirve como una suerte de conclusión o epílogo del acontecimiento histórico.

(8) Jacques Aumont, La imagen, Buenos Aires, Paidós, 1992, p261

(9) Notamos igualmente aquí que el afán de veracidad histórica de López lo lleva a una representación minuciosa de los cambios en la luminosidad de la atmósfera, a medida que avanza el día. Recordemos que, según las crónicas, el enfrentamiento se había extendido desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde.

(10) De 1859 a 1863,  López se dedicó a realizar constantes viajes por la provincia de Buenos Aires realizando retratos al daguerrotipo.

(11) "Curupayty es una posición estratégica formidable. Está situada en la parte más alta de la suave ondulación de una llanura cortada hacia el sur por una pequeña lomada que corre de Este a Oeste, interceptando la vista. Se apoya en la barranca del río. La barranca es montuosa y de unos 30 pies de alto. Al Norte tiene a Humaitá, al sur a Curuzú, al este a Paso Purú y al oeste al Río Paraguay. Al Este y al Sur se extiende la laguna Méndez y uno de sus brazos. Todo su frente es un terreno pantanoso salpicado de carrizales, lagunitas y chircales, sólo transitable en algunos puntos. Cuando llueve, queda casi completamente anegado, subiendo el nivel de la laguna Méndez, hasta desbordarse convertida en un verdadero torrente. El río es allí estrecho, estando la costa opuesta a tiro de fusil, motivo por el cual fue elegido aquel punto para emplazar una batería encargada de hostilizar a la escuadra brasileña", dirá O'Leary.

(12) En O'Leary, op.cit.

(13) También se tienen en cuenta relatos como el siguiente, registrado en el Semanario de Asunción del 22 de septiembre de 1866:"Es horroroso el espectáculo que presenta el teatro de aquel sangriento drama en que se ve pintado el mortal y terrible descalabro que la Alianza acaba de sufrir. Sangre, cadáveres a montones, cuerpos mutilados, caballos despedazados, monturas desechas, fusiles, lanzas y sables repartidos en desorden."

(14) Se tiene registro de que realizó más de noventa croquis en el campo de batalla

(15) Se plasman aquí de los diferentes uniformes argentinos y paraguayos, azules los primeros, rojos los segundos. Los paraguayos utilizan quepís. La idea del quepí fue tomada por Solano López del uniforme del ejército francés, dada la gran admiración que profesaba por Napoleón III.

(16) Las banderas que aparecen en la escena del ataque de la escuadra brasileña, están registradas de acuerdo a los códigos navales vigentes. Así, la bandera nacional se ubica siempre en la popa del navío, etc. Además, los aliados habían establecido un código particular para el ataque a fin de que su ejército estuviera al tanto de la marcha de la batalla naval, los barcos izarían sus banderas de acuerdo se sucediesen los acontecimientos. Las diferentes banderas izadas significarían, respectivamente, "la escuadra empezó el ataque", "Curupaytí apagó sus fuegos", "el ejército inicia el ataque", "hemos tomado Curupaytí", "ataque general", "nuestras fuerzas regresan a sus posiciones", "hemos triunfado", "el enemigo huye en dispersión".

(17) Fusiles de chispa, bombas de mano, etc.

(18) Es curioso observar el particular sistema de signos que elabora López y que nos recuerda, en cierta forma, a la iconografía del cartoon. Por ejemplo, a la hora de registrar los estallidos de las bombas, utilizará tres convenciones gráficas diferentes: cometa, estallido (consistente en un estrella de color amarillo y rojo) y nube de humo. De hecho, la sucesión de imágenes que forman una narración también se relaciona con este género.

(19) En sus años de retiro como teniente del Cuerpo de Inválidos, López se radicó en un campo que arrendó en Baradero y allí pasó los últimos años de su vida. Durante esos años, se entrenó para pintar con la mano izquierda y pudo de esta manera llevar al óleo los apuntes a lápiz tomados durante la contienda.

(20) En "Autobiografía y conciencia histórica", rev. Anthropos n29, Madrid, 1991.

[1]A esto sumamos el hecho de que López llevó igualmente en dicha época un Diario en el que daba pormenorizada cuenta de cada uno de los acontecimientos que iban teniendo lugar durante las operaciones en las que participaba.

(21) Allí, López registra siguiente el episodio en el que es herido en el brazo: "Al pasar la zanja, un casco de granada me despedazó la muñeca. Tomé el sable con la mano izquierda y continué marchando al frente de la compañía, aproximadamente hasta unas trescientas yardas de las trincheras, donde mi debilidad fue suma por el derrame de sangre (…) Me senté al pie de un tronco que había de inmediato a ella y con un pañuelo comencé a vendarme la herida…" (citado en "Portraites", op.cit.)

 

BIBLIOGRAFÍA:

Hayden White, El contenido de la forma, Buenos Aires, Paidós, 1992.

Hayden White,"The historical text as literary artifact", en Robert Canary y Henry Kozicki (eds), Writing of History, Wisconsin, Madison, 1978.

Hayden White, "Historiography and historiophoty", Americal Historial Review 93, n5, diciembre de 1988

Paul Ricoeur, Tiempo y narración, México, sXXI, 1995

Mieke Bal, teoría de la narrativa, Madrid, Cátedra, 1998

Gérard Genette, Figures III, París, Seuil, 1972.

Ricardo Costa y Danuta Mozejko, "Hacer-se historia", versión española de "Constructing/becoming history", en Current Sociology, abril de 2000, vol 48(2), SAGE Publicationes.

Jacques Aumont, La imagen, Buenos Aires, Paidós, 1992

Karl Weintraub, "Autobiografía y conciencia histórica", en rev. Anthropos n29, Madrid, 1991

Félix Best, Compendio de las campañas militares argentinas más importantes realizadas desde 1810 hasta nuestros días, Biblioteca del suboficial, Círculo Militar, Buenos Aires, 1934

Juan Beverina, La Guerra del Paraguay, Biblioteca del suboficial, Buenos Aires, 1943

Juan O'Leary, Historia de la Guerra de la Triple Alianza, Asunción, Carlos Schauman Editor, 1992 (versión original de 1911)

Cándido López, Buenos Aires, Ediciones del Banco Velox, s/f, con prólogo de Marcelo Pacheco.

"Portraites", AP Americana de Publicaciones, Buenos Aires, 1993.

Obra plástica de Cándido López, en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.